SILENCIO
A la cuenta de diez, ya todo había terminado.
Que pudo haberle pasado a María.
La encontré parada de cara al corpulento árbol del fondo de su casa.
Apoyaba su cabeza en el antebrazo derecho apretándolo al tronco. Ocultaba su rostro como jugando a las escondidas.
---¡El que no se escondió se embromó! Decía mientras clavaba una cuchilla inmensa repetidas veces contra el árbol.
De lejos la llamé con ternura, aunque asustada y mientras un sudor frío recorría mi cuerpo.
Se aquietó por un instante, registró mi voz, confió y sin mediar preguntas, empezó a contar mientras seguía el ritmo con los puntazos en la corteza.
---A la una, fui al cuartel….
---A las dos, no me escucharon….
--- A las tres, volví a mi casa….
---A las cuatro, entró Manuel….
---A las cinco, cociné pastel….
---A las seis, los niños….
---A las siete, me golpeo…. ---A las ocho, tiró la comida….
---A las nueve, dije BASTA!....
---A las diez, ¡El que no se escondió se embromó!
Me dirigí a la casa, con cierta aprensión, entorné la puerta. El asombro me cacheteo con furia, grité un silencio que retumbó en mis sienes.
¡No se pudieron esconder!.
El horror con absoluta prolijidad decoró de tragedia la última…. realidad.
A LA UNA FUE AL CUARTEL…. |